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Se perfila hacia una cálida
modulación de las formas por
medio del universo creador que establece
un diálogo homogéneo
entre las piezas y el espacio del
espectador.
Involucrado de lleno en la práctica
de su oficio, la verdad de su condición
de artista no es otra que aquella
de ser medio indispensable para comunicar
algo. La trayectoria personal así
nos lo demuestra. Ha puesto a nuestra
disposición y conocimiento
trabajos vinculados al carácter
inteligible que discurre en producción
de pequeño o gran formato sujeta
a moldes clásicos de representación
de la belleza.
Si nos damos a la exploración
del vasto hemisferio del arte escultórico,
del que sobra cualquier pureza excluyente,
se puede encajar una obra perteneciente
a la peculiaridad de las costumbres
y los atuendos de los personajes como
la de Joaquín Alcalde. Y se
puede hacer por su irresistible atractivo
estético al que uno no quiere
alejarse. Atractivo que va de los
protagonistas al habitat y de la trascripción
de los elementos del entorno a la
figura como manifestación artística.
La cerámica artesánica
-con resultados de especial interés
como técnica de expresión
autónoma- se ha convertido
en una de las artes más depuradas
de la creatividad humana con toda
clase de refinamientos, el siguiente
despliegue de su plástica de
objetos, personas y escenas, se ilustra
yendo a la proyección de texturas
de gran fuerza plástica y de
gran belleza para merecer ser consideradas
fieles testimonios de la obra bien
hecha.
Las muestras de este tipo de arte
corresponden a ejemplos sugestivos
que, por derecho propio, llegan a
convencerme como hombre vasco que
soy y como crítico. Como ciudadano
de Euskadi porque, en nuestra tierra,
aún se siguen cultivando nuestros
motivos, iniciados por los más
primitivos y anónimos artistas
del pueblo desde tiempo tan lejano
que se pierde en la historia, y como
comentador para enseñar -a
los demás y con especial predilección-
el costumbrismo -tanto artesanal como
artístico- elevado a rango
de arte cuando en otros no pasa de
ser oficio de artes aplicadas.
Son muchas las manifestaciones de
iconografías surgidas por las
más variadas presencias incluso
en períodos recientes. Y no
precisamente iconografías religiosas
-además de- sino laicas, productos
de vigorosa utilización formal
como gran objetivo. De aquellas primarias
corrientes hacedoras convertidas en
punto de partida hasta los triunfos
que en buena ley le corresponden en
su nueva vitalidad, le apetece la
medida humana como su más claro
objetivo. La libre disciplina le prepara
a una escala mayor bajo el esfuerzo
necesario desde fechas recientes.
Aparecen ya los marcados perfiles
como parte integrante de las obras
figurativas que antes le abrían
los posibles caminos a todo un sistema
de las artes más tradicionales.
Al interés y afán de
autor creador suma el desenlace estético
del entorno para llevar a cabo un
oficio constructivo bajo los mecanismos
del logro manual que cuenta con la
impronta del arte auténtico.
El apoyo fundamental de la técnica
le permite habilidad extraordinaria
para dominar el recurso expresivo
que el artista demuestra saber aplicar
a las formas. Bajo un principio compositivo
basado en las leyes de la caligrafía
escultórica consigue buscar
lo más propio suyo en el manejo
de la herramienta adecuada al material
escogido. Una vez modelada la materia
asciende a la maravilla de su realización
de formas y figuras sin tener que
meterse -ni someterse- para nada en
el circuito de la modernidad vanguardista.
Sus cabezas -la mía entre
ellas- muestran una relectura del
efigiado. Añade a su obra una
sintaxis de formas y lugares como
especial conjugación de la
morfología ambiental que rodea
a la corporeidad del volumen transformado
en alegórica referencia a los
usos de la sociedad en la que se inspira
y desarrolla su arte. Tales ejercicios
-rozando la sencillez pero también
la autenticidad- son aptos como para
responder al adjetivo de trabajos
interesantes.
Uno de los grandes aciertos de entre
las dedicaciones de Joaquín
artista son sus murales cerámicos.
A la hora de plantearnos qué
se representa en ellos, hay que mirar
tanto o más a su capacidad
comunicativa real. Se entiende por
esto el hecho de convertir la imagen
aparentemente tosca en un paraje habitado.
El objetivo básico se traduce
en conseguir una naturaleza evocadoramente
metalizada y monumental. Tanto la
disciplina como el método de
trabajo concuerdan con el significado,
contenido y realización de
cada pieza. Se trata de aplicar
en la pared cuantos elementos
expresivos rodean el misterio milenario
de las costumbres, aperos de trabajo,
cultura folklórica, fiestas
y tradiciones del pueblo vasco,
como representaciones públicas
en espacios privados.
No podemos hablar aquí de
variados estilos sino de un estilo
único variado. Según
aconsejen las circunstancias hay que
tener en cuenta la identidad del individuo
como artífice de modelos. La
dedicación a los mismos le
confiere propuestas determinantes
que intensifican su concepto clásico
de la composición escultórica
sobrepasando, incluso, las formas
naturales que impregnan de sentimiento
la realidad incontestable del hacedor.
Estas esculturas resultan sólidas,
cosa evidente en este arte, pero también
inequívocas en la seducción
de lo escultórico. Bajo ese
contexto de registros y manifestaciones
acordes con las formas físicas
concretas de las personas y de los
objetos, fragua nuestro escultor sin
retoricismos. Cuando elabora se explaya
en el ejercicio convirtiéndolo
en un campo de operación de
fortificación de gestos. Curiosamente
los encargos que recibe a escala operativa
le dan el sentido de la realidad de
los gustos ajenos. Dentro de la modestia
se muestra activo como pocos artistas
de hoy y, en la gestión desplegada
en su visión artística
social, toma a su hacer como norte
de una vocación fructífera,
como la memoria académica de
un autodidacta.
La aportación de Joaquín
Alcalde al arte escultórico
sustenta la propuesta clásica
de la representación de la
figura como recreación comunicadora
más que a la anatomía.
Le apetece un lenguaje de máxima
expresividad para integrarnos en el
repertorio de su mensaje de conciencia
social abierta y viva a los horizontes
del ámbito comunitario donde
los hombres no dan la impresión
de ser extraños. Esta nueva
manera de concebir su arte y de realizar
una obra en función de sí
mismo le permite el ansia continua
de la superación de los planteamientos
creacionales tendentes hacia la obra
consolidada.
La entrega de Joaquín a la
ceramística escultórica
en las artes decorativas, es incansable,
tanto como "modus vivendi"
que él mismo se autogestiona,
como por vocación e iniciativa.
Ahí está la labor perseverante
y sin desfallecimiento, de intensa
actividad. Impregna a los modelos
sobre los que se basa, cuando es menester
hacerlo, de factura trazada con minuciosidad
y de adecuada visión. A los
motivos, los trata de modo riguroso
con la energía que habitualmente
imprime a sus figuras. Cuanto fragua
en arte lo hace a la usanza tradicional,
a veces con un sentido más
decorativo que real. Con recurso técnico
bien enfocado se muestra hábil
en el hacer, produciendo un curioso
efecto. El tratamiento de la elaboración
comporta importantes creaciones modeladas
que responden al gusto más
popular. Haciendo uso de su capacidad
artística, deja constancia
de temas diversificados en un amplio
registro ornamental.
Joaquín Alcalde, desde
su condición artesanal inicial
como oficio artístico de base,
cultiva un tipo de escultura figurativa
de representación de tanta
dificultad técnica. El espectador
se identifica fácilmente con
este conjunto de obras de arte de
rotundidad energética, fuerza
y carácter de artista personal.
En la trayectoria de su escultura
hay capacidad y trabajo sólido.
Su dedicación, de firme vocación
y no abandono, contiene un amplio
muestrario de sus posibilidades para
disfrute de la comunidad. Joaquín
Alcalde Lomas está volcado
a un proceso laborioso a base de ser
obrero del arte que espera, expectante,
abordar nuevas e importantes singladuras.
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