Del Lenguaje del Barro a la Expresión del Bronce y otros Materiales.



No inició Joaquín un itinerario capitalizando el género escultórico, sino que vinculó la ceramística al arte primitivo y manual para, desde allí, incluso manteniendo siempre un manifiesto interés por la figuración, dotarla de formas elementales que conllevan un profundo interés por lo étnico en su giro a la escultura. Aquí, en sus manos, primordialmente, la cultura vasca aporta un territorio en exclusiva para un estilo expresionista -en la piel y en la médula del esculpir- que ha encontrado la clave en el culto al oficio.

Una vez aquí, Joaquín Alcalde se ha erigido en un artesano que nunca renunció a la escultura. La evolución de lo matérico a lo más puramente plástico ocupa la razón fundamental de su actual trabajo. Vinculado a los mecanismos creativos de conocimiento directo y profundo de los materiales que emplea, estos le sitúan en un contexto individual y reconocible en la órbita compositiva de cada obra. Desde ella emprende un camino solitario y personal que le ha llevado a la búsqueda de la sencillez de lo elemental y el empleo de un método que guarda relación con el medio en que como artista se vincula, recibido como herencia de las raíces donde datar las referencias locales.

Desde tal posición de primeros trabajos en concordancia con el arte ceramístico primitivo, no olvida la técnica constructiva para piezas de más envergadura, pero siempre retorna a los clásicos. Esto nos sirve de referente para dar información precisa y adecuada del artífice. La textura de los materiales industriales se aplica a la presencia de lo próximo. Haciéndose presente tanto en los aspectos escultóricos como en los artesanales, o con mezcla combinatoria de ambos, queda perfectamente definido en lo que hace. Por ello no es casualidad que modele con capacidad y rotundidad, y por ello merece consideración su vivencia profesional, porque ha cuajado como escultor al haber encontrado símbolos realistas en las formas, ideas, objetos, tratamientos, oficios, asuntos, usos, costumbres y tradiciones de la vida cotidiana.

Las nuevas formulaciones teóricas expansionan la actividad creadora del artista. Joaquín lleva ya un período cronológico de más de una docena de años modelando y quince de dedicación exclusiva, profesional y autónoma a la artesanía. Por ello, llega a una madurez suficiente para partir de la artesanía como envolvente modo de la plástica escultórica, base y fundamento de las nuevas técnicas, tendencias y materiales a considerar como evolución y a cuya llamada acude: alabastro, bronce, piedra de cantería, cerámicas murales y murales en cemento.

Entre estas nuevas andanzas de su avance y dedicaciones con las que incrementa su presencia y por las que siente necesidad específica de manifestarse, destacan las múltiples propuestas y hallazgos contenidos en las siguientes piezas: en bronce, donde resalta la intensa penetración psicológica de los retratos, los bustos del sacerdote nacionalista Lucio Beraza, colocado en Otxaran (Zalla); el del legendario futbolista athlético Telmo Zarraonaindía (Zarra); el del pintor Benedicto situado en su propio Museo de Bilbao; el del payaso Tonetti; y el trofeo conmemorativo del 26º Congreso de Peñas del Athletic de Bilbao. El del doctor lekeitiarra Francisco Ocamica está hecho en barro refractario patinado en bronce. En alabastro, piezas de torsos, caras, alegorías y motivos del deporte. En piedra de cantería, esquineras tipo gárgolas y varias mujeres medievales.

En cerámicas murales, las pertenecientes a los restaurantes Batik (de Sopuerta) y Aikeri (de Asua), bodegas Virgen de Lorea (de Otxaran), los bares Sutegui (de Portugalete), Eritzalde (de Las Carreras) y Etxebarri (de Ugarte - Trapagaran), y cafetería Txiki (de Pobeña).

Y en murales de cemento, el ambicioso del túnel subterráneo en la autopista A-8 en el municipio de Iurreta. Con estas obras tamiza su personal concepción del mundo en que se encuentra como artista y se convierte en cronista de su tiempo con objetivos creativos para excitar la sensibilidad de los individuos en su convivencia creativa.

Sería injusto no mencionar también, de entre otras obras destacadas, los trofeos escultóricos a la labor humanitaria organizada por la Asociación de Amigos de Tonetti que representan al payaso con un oso en la mano como animal más antiguo del circo, realizados durante los últimos siete años. El trofeo al torero del año 2002 en la Feria Taurina de Bilbao concedido al diestro El Juli. Y las exposiciones en el Hotel Ercilla bilbaíno en la Aste Nagusia. En todas estas muestras sigue respondiendo al concepto figurativo de la escultura.

Su vínculo con la escultura constituye un resumen de dedicación a la cerámica reproductiva y un avance actual a la línea evolutiva y de trabajo. Las piezas en las que Joaquín Alcalde Lomas ahora trabaja y exhibe son formas nuevas para él en el tratamiento, el concepto y la construcción. De ahí que estos le exija otras técnicas y soluciones a las mismas, con referencias constantes a la figura como embrión del que derivan sus mil maneras de componerlas. Magnifica el cuerpo en su morfología de formas humanas relacionadas con la preocupación por el volumen como pretexto que escultóricamente funciona. De lo recio y macizo tratado con cariño, suavidad y temple, saca posteriormente formas redondeadas, aristas limadas, mientras trata de dejar a la materia prima perfectamente construida y a la pieza terminada hasta el último detalle.

Las piezas escultóricas le ofrecen a su autor un servicio de persona a la sociedad como fiel exponente de un carácter creativo y de una sensibilidad plástica que incide en la adopción de un nuevo conjunto de obras más a considerar como fuertes estructuras desembarazadas de elementos superfluos. No se ha quedado anclado en ese postulado estético del lenguaje personal de la cerámica escueta.



Se perfila hacia una cálida modulación de las formas por medio del universo creador que establece un diálogo homogéneo entre las piezas y el espacio del espectador.

Involucrado de lleno en la práctica de su oficio, la verdad de su condición de artista no es otra que aquella de ser medio indispensable para comunicar algo. La trayectoria personal así nos lo demuestra. Ha puesto a nuestra disposición y conocimiento trabajos vinculados al carácter inteligible que discurre en producción de pequeño o gran formato sujeta a moldes clásicos de representación de la belleza.

Si nos damos a la exploración del vasto hemisferio del arte escultórico, del que sobra cualquier pureza excluyente, se puede encajar una obra perteneciente a la peculiaridad de las costumbres y los atuendos de los personajes como la de Joaquín Alcalde. Y se puede hacer por su irresistible atractivo estético al que uno no quiere alejarse. Atractivo que va de los protagonistas al habitat y de la trascripción de los elementos del entorno a la figura como manifestación artística.

La cerámica artesánica -con resultados de especial interés como técnica de expresión autónoma- se ha convertido en una de las artes más depuradas de la creatividad humana con toda clase de refinamientos, el siguiente despliegue de su plástica de objetos, personas y escenas, se ilustra yendo a la proyección de texturas de gran fuerza plástica y de gran belleza para merecer ser consideradas fieles testimonios de la obra bien hecha.

Las muestras de este tipo de arte corresponden a ejemplos sugestivos que, por derecho propio, llegan a convencerme como hombre vasco que soy y como crítico. Como ciudadano de Euskadi porque, en nuestra tierra, aún se siguen cultivando nuestros motivos, iniciados por los más primitivos y anónimos artistas del pueblo desde tiempo tan lejano que se pierde en la historia, y como comentador para enseñar -a los demás y con especial predilección- el costumbrismo -tanto artesanal como artístico- elevado a rango de arte cuando en otros no pasa de ser oficio de artes aplicadas.

Son muchas las manifestaciones de iconografías surgidas por las más variadas presencias incluso en períodos recientes. Y no precisamente iconografías religiosas -además de- sino laicas, productos de vigorosa utilización formal como gran objetivo. De aquellas primarias corrientes hacedoras convertidas en punto de partida hasta los triunfos que en buena ley le corresponden en su nueva vitalidad, le apetece la medida humana como su más claro objetivo. La libre disciplina le prepara a una escala mayor bajo el esfuerzo necesario desde fechas recientes. Aparecen ya los marcados perfiles como parte integrante de las obras figurativas que antes le abrían los posibles caminos a todo un sistema de las artes más tradicionales. Al interés y afán de autor creador suma el desenlace estético del entorno para llevar a cabo un oficio constructivo bajo los mecanismos del logro manual que cuenta con la impronta del arte auténtico.

El apoyo fundamental de la técnica le permite habilidad extraordinaria para dominar el recurso expresivo que el artista demuestra saber aplicar a las formas. Bajo un principio compositivo basado en las leyes de la caligrafía escultórica consigue buscar lo más propio suyo en el manejo de la herramienta adecuada al material escogido. Una vez modelada la materia asciende a la maravilla de su realización de formas y figuras sin tener que meterse -ni someterse- para nada en el circuito de la modernidad vanguardista.

Sus cabezas -la mía entre ellas- muestran una relectura del efigiado. Añade a su obra una sintaxis de formas y lugares como especial conjugación de la morfología ambiental que rodea a la corporeidad del volumen transformado en alegórica referencia a los usos de la sociedad en la que se inspira y desarrolla su arte. Tales ejercicios -rozando la sencillez pero también la autenticidad- son aptos como para responder al adjetivo de trabajos interesantes.

Uno de los grandes aciertos de entre las dedicaciones de Joaquín artista son sus murales cerámicos. A la hora de plantearnos qué se representa en ellos, hay que mirar tanto o más a su capacidad comunicativa real. Se entiende por esto el hecho de convertir la imagen aparentemente tosca en un paraje habitado. El objetivo básico se traduce en conseguir una naturaleza evocadoramente metalizada y monumental. Tanto la disciplina como el método de trabajo concuerdan con el significado, contenido y realización de cada pieza. Se trata de aplicar en la pared cuantos elementos expresivos rodean el misterio milenario de las costumbres, aperos de trabajo, cultura folklórica, fiestas y tradiciones del pueblo vasco, como representaciones públicas en espacios privados.

No podemos hablar aquí de variados estilos sino de un estilo único variado. Según aconsejen las circunstancias hay que tener en cuenta la identidad del individuo como artífice de modelos. La dedicación a los mismos le confiere propuestas determinantes que intensifican su concepto clásico de la composición escultórica sobrepasando, incluso, las formas naturales que impregnan de sentimiento la realidad incontestable del hacedor.

Estas esculturas resultan sólidas, cosa evidente en este arte, pero también inequívocas en la seducción de lo escultórico. Bajo ese contexto de registros y manifestaciones acordes con las formas físicas concretas de las personas y de los objetos, fragua nuestro escultor sin retoricismos. Cuando elabora se explaya en el ejercicio convirtiéndolo en un campo de operación de fortificación de gestos. Curiosamente los encargos que recibe a escala operativa le dan el sentido de la realidad de los gustos ajenos. Dentro de la modestia se muestra activo como pocos artistas de hoy y, en la gestión desplegada en su visión artística social, toma a su hacer como norte de una vocación fructífera, como la memoria académica de un autodidacta.

La aportación de Joaquín Alcalde al arte escultórico sustenta la propuesta clásica de la representación de la figura como recreación comunicadora más que a la anatomía. Le apetece un lenguaje de máxima expresividad para integrarnos en el repertorio de su mensaje de conciencia social abierta y viva a los horizontes del ámbito comunitario donde los hombres no dan la impresión de ser extraños. Esta nueva manera de concebir su arte y de realizar una obra en función de sí mismo le permite el ansia continua de la superación de los planteamientos creacionales tendentes hacia la obra consolidada.

La entrega de Joaquín a la ceramística escultórica en las artes decorativas, es incansable, tanto como "modus vivendi" que él mismo se autogestiona, como por vocación e iniciativa. Ahí está la labor perseverante y sin desfallecimiento, de intensa actividad. Impregna a los modelos sobre los que se basa, cuando es menester hacerlo, de factura trazada con minuciosidad y de adecuada visión. A los motivos, los trata de modo riguroso con la energía que habitualmente imprime a sus figuras. Cuanto fragua en arte lo hace a la usanza tradicional, a veces con un sentido más decorativo que real. Con recurso técnico bien enfocado se muestra hábil en el hacer, produciendo un curioso efecto. El tratamiento de la elaboración comporta importantes creaciones modeladas que responden al gusto más popular. Haciendo uso de su capacidad artística, deja constancia de temas diversificados en un amplio registro ornamental.

Joaquín Alcalde, desde su condición artesanal inicial como oficio artístico de base, cultiva un tipo de escultura figurativa de representación de tanta dificultad técnica. El espectador se identifica fácilmente con este conjunto de obras de arte de rotundidad energética, fuerza y carácter de artista personal.

En la trayectoria de su escultura hay capacidad y trabajo sólido. Su dedicación, de firme vocación y no abandono, contiene un amplio muestrario de sus posibilidades para disfrute de la comunidad. Joaquín Alcalde Lomas está volcado a un proceso laborioso a base de ser obrero del arte que espera, expectante, abordar nuevas e importantes singladuras.

MARIO ANGEL MARRODÁN
( de la Asociación Internacional de Críticos de Arte )